#unlocoalmando #EEUU Cuando el poder miente: Estados Unidos y la deriva peligrosa de un gobierno en decadencia El caso de Alex Pretti no es un hecho aislado ni una simple tragedia individual. Es un...
#unlocoalmando #EEUU Cuando el poder miente: Estados Unidos y la deriva peligrosa de un gobierno en decadencia El caso de Alex Pretti no es un hecho aislado ni una simple tragedia individual. Es una señal de alerta. Una más. Lo que hoy ocurre en Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump revela un modelo de poder que ha optado por la fuerza, la mentira y la intimidación como mecanismos de control social. Un Estado que ya no explica: impone. Que ya no escucha: señala. Cuando la evidencia contradice el discurso oficial y, aun así, el gobierno insiste en su versión, no estamos ante un error, sino ante una estrategia. La criminalización preventiva, la fabricación de relatos y el uso político de las agencias federales muestran un poder que se protege a sí mismo antes que a sus ciudadanos. La verdad deja de ser un valor y pasa a ser un obstáculo. Este fenómeno resulta especialmente grave porque no se trata de cualquier país. Estados Unidos es una potencia global cuyas decisiones impactan al mundo entero. Cuando su liderazgo se desliza hacia la opacidad, la represión interna y el desprecio por los derechos civiles, el riesgo trasciende fronteras. Un gobierno que normaliza la violencia institucional hacia su propio pueblo difícilmente puede garantizar estabilidad hacia afuera. La respuesta de la administración Trump frente a las denuncias no ha sido la transparencia, sino el endurecimiento del discurso, la persecución simbólica del disenso y el intento de silenciar a periodistas, activistas y ciudadanos críticos. El mensaje es claro: cuestionar al poder tiene consecuencias. Y ese mensaje, repetido desde el centro del poder mundial, es profundamente peligroso. La historia demuestra que los gobiernos en decadencia rara vez rectifican a tiempo. Cuando el respaldo popular se erosiona, muchos optan por aferrarse al control mediante el miedo, la división y la fuerza. Las encuestas reflejan un rechazo creciente, pero la reacción no es diálogo: es cierre, presión y propaganda. No se trata de alarmismo, sino de responsabilidad histórica. Cuando un gobierno concentra poder, debilita controles, miente de forma sistemática y convierte a su propia ciudadanía en sospechosa, la democracia entra en zona de riesgo. Y cuando eso ocurre en la principal potencia militar del planeta, la paz mundial deja de ser una certeza y se convierte en una preocupación legítima. Estados Unidos no solo enfrenta una crisis política interna. Enfrenta una crisis moral y democrática cuyas consecuencias pueden sentirse mucho más allá de sus fronteras. Ignorar las señales nunca ha sido una opción segura.
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